Una primavera con sentido
Washington, los cerezos… y los mensajes que nos acompañaron
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El lunes 30, Matías cumplió 31 meses en el cielo, y decidimos ir a Washington a ver los cerezos. Porque él ama la primavera, ama las flores, ama todo lo que está lleno de vida.
Ese día entramos a un hermoso jardín, de esos que te abrazan sin decir nada, y sin planearlo terminé en un pequeño espacio cerrado, rodeado de agua, con una fuente en el centro.
Y entonces pasó algo que todavía me estremece: del cielo cayeron dos patos. No llegaron caminando, no estaban ahí antes. Venían volando y aterrizaron justo en ese pequeño espacio de agua, tan de repente que hasta me asustaron.
Me quedé en silencio, porque hay momentos que no necesitan explicación. No pude grabarlos en el instante en que cayeron, pero luego les tomé fotos y videos. Cuando revisé la primera imagen, marcaba las 10:43, la hora en que nació Matías.
Empezó a llover, y justo al lado del jardín estaban dos museos. Decidimos entrar al National Museum of African Art, y lo primero que vimos fueron unas sillas de fibra con patrón tipo cebra. Sin planearlo otra vez, sacamos los libros de Matías y le tomamos fotos, como si él también estuviera ahí con nosotros.
Al día siguiente, al llegar al Tidal Basin para ver los cerezos, lo primero que vimos fue a los mismos dos patos. Ahí estaban otra vez. Uno con su cabecita verde y el otro marroncito, siempre juntos, como esperándonos.
Y entendí que los mensajes no siempre llegan de una sola forma. A veces llegan en pares, a veces se repiten, a veces te siguen hasta que los ves. En los patos, en las sillas, en los animales, en cada detalle del camino.
Quisimos cerrar el viaje visitando uno de los grandes museos, y terminamos en el Museo de Historia Natural, rodeados de animales salvajes, los favoritos de Matías.
Y como si todo eso no fuera suficiente, ese mismo día Nelda estaba en su casa y una pequeña bola azul, que lleva años en el mismo lugar, rodó. Sin razón, sin que nadie la tocara. Azul, como el cielo y como el color favorito de mi hijo.
Nelda enseguida sintió que era Matías. Me envió la foto y me dijo: “Nubia, ¿viste la bola?” Yo le respondí que sí, y le pregunté: “¿y viste la cebra?” Ella no se había dado cuenta de que la bola tiene unas líneas diminutas al frente que forman la silueta de una pequeña cebra.
Y sonreí… porque ya no era coincidencia. Era otra sincronía. Era compañía.
Para cerrar, regresamos a casa y llegamos exactamente a las 10:08, la hora de Matías. Como una confirmación suave, de esas que no hacen ruido pero lo dicen todo: que seguimos juntos, que él camina con nosotros y que el amor nunca se rompe.
Matías, por siempre a nuestro lado 💙


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❤️💙❤️ 🦆