Presencia
El lenguaje silencioso del amor
Este post está disponible también en inglés. Puedes leerlo aquí
Hay momentos en los que las señales no llegan solas.
Llegan en secuencia. Como si alguien estuviera hilando con cuidado.
En los días cercanos al aniversario número 29 de Matías en el cielo (30 de enero), empezaron a aparecer pequeños gestos, como de costumbre: algunos discretos, otros profundamente amorosos.
Primero, una noche tranquila. De madrugada, la jirafa de Matías comenzó a sonar, como anunciando su presencia.
Ese mismo día, en la casa de Nelda —la casa donde con Matías nos reuníamos en comunidad, compartíamos comida, risas, y donde él dejó tantas huellas— apareció algo inesperado: sobre su mesa, con sal, pimienta, canicas y hojitas secas, se formó lo que para mí fue inmediato reconocer como un pajarito. Una travesura sencilla, casi infantil. Exactamente del tipo que Matías habría hecho.
Nelda me llamó para decirme:
—Nubia, Matías estuvo por aquí. Mira lo que hizo.
Luego vino el día del aniversario.
Yo estaba en casa, sentada en la sala, justo en el lugar donde Matías solía sentarse. Andrés había salido y el silencio era profundo, pero no vacío. De pronto, escuché algo que casi nunca se oye por aquí: una bandada de gansos cantando.
Pensé: qué raro.
Y sin saber por qué, pensé en Andrés. En cómo a él le gustan tanto los gansos, cómo les toma fotos, les graba videos, cómo muchas veces los mira pensando en Matías.
Apenas unos minutos después, Andrés llegó a casa.
Entró con una emoción difícil de explicar y me dijo:
—No sabes lo que acabo de ver.
Yo le respondí, sin pensarlo:
—¿Los gansos?
Se quedó en silencio.
Me dijo que sí. Que le habían pasado por encima. Que los había grabado.
La secuencia no terminó ahí.
Un par de días después, Matías volvió a mostrarse, esta vez a través de palomas, delante de Luisa. Como si el mensaje no fuera solo para uno, sino para varios. Como si estuviera diciendo: “No es casual. Estoy aquí.”
No hay necesidad de buscar explicaciones grandilocuentes.
No todo tiene que ser probado para ser sentido.
Las señales no siempre llegan como un solo evento impactante.
A veces llegan una tras otra, en distintos lugares, con distintas personas, en formas que solo quienes aman profundamente saben reconocer.
Un sonido en la noche.
Un pajarito improvisado.
Gansos cruzando el cielo.
Palomas apareciendo en el momento justo.
No gritan.
No imponen.
Acompañan.
Y cuando uno mira hacia atrás y une los puntos, entiende que el amor no desaparece.
Solo aprende nuevas maneras de hacerse presente.
Matías sigue encontrando las suyas. 🕊️💙


Matías siempre estás presentes y pendientes de todos nosotros , una besos y abrazos astas el cielo 🙏🙏🙏❤️
💙