🕰️ Cuando el tiempo vuelve a latir
Pequeñas señales, grandes certezas.
Este post está disponible también en inglés. Puedes leerlo aquí
Justo hoy, miércoles —los días de Matías—, su ropa, sus zapatos y sus juguetes emprendieron un nuevo viaje. Se fueron a acompañar, cobijar y alegrar a otros niños. Mientras los veía partir, sentí que cada prenda y cada juguete llevaba una parte de su luz, y que, de algún modo, Matías seguiría abrazando al mundo a través de ellos.
Mientras preparábamos las donaciones —ropa, zapatos, juguetes— apareció un reloj viejo: un Fitbit que no funcionaba desde hacía años. Lo conectamos solo por probar, y para mi sorpresa, encendió.
En la pantalla marcaba una fecha: 26 de julio, el día en que nació Matías.
Después de tanto tiempo apagado, el reloj volvió a la vida justo con su fecha.
Sentí que me decía: “Mamá, mi tiempo sigue aquí, en cada cosa que tocas con amor.”
Días después fuimos a celebrar los 100 años de Roquettes. Había niños por todas partes, y en medio de tanto juego, sentí su energía, su risa, su luz. Luego pasamos por el Rockefeller Center, donde acababa de llegar el gran árbol, aún rodeado de andamios y vigilantes, esperando su brillo.
Entramos a una juguetería enorme y muy famosa, FAO Schwarz, llena de peluches de animales —tigres, elefantes, jirafas, perezosos— y pensé: Matías los tenía todos.
Ya en el tren rumbo a casa, tomé mi teléfono para ver la hora y me encontré con su sonrisa como fondo de pantalla. Por un momento pensé que tenía en mis manos el teléfono de Andrés, mi esposo, porque él tiene esa misma foto de Matías desde el día en que nuestro hijo partió.
Pero no… era mi teléfono, con mi forro, mi pantalla.
La foto que siempre ha estado en el celular de Andrés, pasó a mi teléfono. En el suyo, la imagen tiene motion, se mueve, y Matías se ríe. En el mío apareció igual, pero sin movimiento: tranquila, serena.
Y supe que fue él, otra vez, jugando con el teléfono como lo hizo el mismo día que partió, cuando me cambió el fondo de pantalla por primera vez.
Matías no usaba mucho el teléfono, pero sabía hacerlo.
Y aún lo sabe. 📱✨
Esa noche, la jirafa —que llevaba más de veinte días en silencio— sonó sin parar.
Andrés se levantó y dijo: “La jirafa tuvo frío esta noche.”
Y yo sonreí, porque ya sabía quién era.
Cada etapa tiene su propio tiempo. A veces son días, otras veces meses o años… no hay prisa, no hay reloj que marque el momento exacto para dejar ir. Cada quien siente cuándo es, y está bien.
No se trata de olvidar, sino de transformar: de permitir que aquello que amaron sus manos siga dando abrigo, juego y vida a otros.
Nuestros seres de luz nos guían en ese proceso, con pequeñas señales que confirman que están felices, acompañándonos paso a paso. Matías lo ha hecho desde el primer día y, esta vez, con cada sonido de su jirafa, nos dejó saber que está feliz.



Matías un niño feliz llenos de virtudes y después de mudarse a su casa celestial nunca se olvida de sus gentes , siempre das señales fuertes de vida amor y existencia, siempre apareces con una travesura. Nos enseñó amar después de su partida y el contacto espiritual nunca mueres.🙏🙏🙏🙏
💙💙