Cuando el corazón dice “ahora sí”
El amor también sabe esperar su propio momento para soltar, sin prisa, sin culpa y sin olvido.
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Hoy la casa amaneció diferente.
Entre cajas, recuerdos y pequeñas piezas de un tiempo que sigue vivo en el corazón, el aire se llenó de una calma extraña, como si algo invisible nos acompañara.
No hubo prisa. Nunca la hubo. Cada paso se dio cuando el alma lo permitió. Porque el momento de abrir un cajón, doblar una camiseta diminuta o tocar un juguete no lo decide el calendario, lo decide el amor… y el amor tiene su propio ritmo.
Esperé el día en que el corazón de quien más lo necesitaba dijera “ahora sí”. No antes. No con presiones, ni con deberes. Porque hay gestos que solo pueden hacerse desde la paz.
Y ese día llegó.
Mientras el silencio llenaba la casa, una golondrina se posó en la ventana donde nunca nadie se posa. No había espacio, y sin embargo, allí se quedó. Nos miró un largo rato, serena, presente, como si supiera exactamente por qué estaba allí.
No hizo falta decir nada. Supimos que era una señal. Una caricia desde el cielo.
El amor de un alma que sigue volando libre y que, de vez en cuando, vuelve para recordarnos que todo está bien.
Hoy entendí que soltar no es olvidar.
Es abrir espacio para que el amor respire distinto.
Y que, cuando el corazón decide, siempre es el momento perfecto.
A veces el verdadero acto de amor no está en retener, sino en permitir que el amor siga transformándose, con la certeza de que nada realmente amado se pierde.


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